Después de Bérgamo, la siguiente parada fue San Siro. Tenía la entrada reservada para la una y esta vez la visita giraba alrededor del fútbol.
31 DE MAYO · ITALIA
San Siro, más allá del museo.

Recorrer el estadio, acercarme a los banquillos y contemplar el campo desde la grada fue lo que más valoré. Poder verlo desde distintos puntos me permitió hacerme una idea del lugar más allá de la imagen que tenía de él. Una cosa es ver un estadio en una pantalla y otra encontrarte allí, mirando el terreno de juego desde dentro.

El museo, en cambio, me dejó una sensación algo agridulce. Esperaba algo más de esa parte del recorrido y me supo a poco. No todo estuvo a la misma altura, pero tampoco me fui arrepentido de haber hecho la visita.
Me quedo con haber conocido San Siro por dentro. El museo no terminó de convencerme, pero no empañó toda la experiencia: el estadio era el motivo de aquella parada y haber estado allí mereció la pena.
Después me instalé en el Camping Milano, que sería mi base para visitar la ciudad al día siguiente.