Vaya Vida Bonita

1 DE JUNIO · ITALIA

Milán, una sorpresa frente al Duomo.

Al día siguiente fui a conocer el centro de Milán, combinando autobús y metro desde el camping. Tenía por delante unas horas para recorrer la ciudad y descubrir qué impresión me dejaba.

El Duomo y la plaza de Milán.
El Duomo y la plaza de Milán.

Siendo burgalés, es difícil que una catedral me sorprenda: tengo la de Burgos como referencia y eso pone el listón muy, muy alto. Pero el Duomo de Milán no solo estuvo a la altura, sino que superó todas mis expectativas. Su imponente fachada me dejó sin palabras y, al entrar, la grandiosidad del interior me impresionó aún más. Fue, sin duda, lo que más me marcó de aquella visita a la ciudad.

El interior del Duomo de Milán.
El interior del Duomo de Milán.

Después recorrí las galerías, me acerqué al castillo para verlo desde fuera e hice una pausa para comer en los jardines. El resto de la jornada lo dediqué a callejear y seguir conociendo el centro, más allá de sus lugares más reconocibles.

Un tranvía amarillo durante mi recorrido por Milán.
Un tranvía amarillo durante mi recorrido por Milán.

Milán no se convirtió en una de mis ciudades favoritas del viaje, pero me gustó haberla conocido. No todas las paradas dejan la misma huella, y tampoco hace falta forzarla. De aquella visita me llevé especialmente la sorpresa del Duomo.

A media tarde emprendí el regreso al camping. Tocaba preparar el siguiente tramo del viaje, y finalmente decidí dejar el lago de Como fuera de la ruta.

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