Salí de Versoix sobre las diez de la mañana para acercarme a Ginebra. Después de la tarde junto al lago Lemán con Luka, tocaba conocer un poco de la ciudad antes de seguir el viaje hacia Francia.
La verdad es que Ginebra no me gustó demasiado. Después de visitarla, no sería una parada que incluiría en una ruta con pocos días: personalmente, dedicaría ese tiempo a otros lugares. No fue una ciudad que me dejara con ganas de quedarme más.
Eso no significa que no pueda ser un plan agradable para pasar una mañana con buen tiempo. Dar un paseo por la ciudad y dedicar después la tarde a bañarse en el lago me parece una buena manera de disfrutar de la zona. Pero, como visita en sí, a mí no me terminó de conquistar.
Del recorrido recuerdo especialmente el gran chorro de agua del lago y el templo de San Pedro. Me acerqué hasta allí, aunque finalmente no entré: había un grupo escolar y bastante gente, así que continué el paseo.

