Aquel día empecé visitando el santuario cercano a Ferrara di Monte Baldo. Entre el calor y las escaleras, llegar hasta allí tuvo su esfuerzo. Pero la visita se quedó a medias: no permitían pasar con perros por el pasadizo y, al ir con Luka, no pude continuar. Solo conseguí fotografiar parte del santuario entre los árboles.
Son esas cosas que también forman parte de viajar con él. No siempre puedo entrar a todos los lugares ni hacer todas las visitas, y esta fue una de esas ocasiones.
Después puse rumbo al lago de Garda. Encontrar dónde quedarme tampoco resultó sencillo, pero finalmente me instalé en el camping La Quercia. Una vez resuelta la parada, tocaba disfrutar del lago.
Ya instalado, aproveché para acercarme al lago con Luka, que se dio un baño. Más tarde fui en patinete hasta Lazise y también saqué un rato para disfrutar de la piscina. Al caer la tarde, volví a la orilla con él para ver juntos el atardecer.
Me quedo con ese final: Luka y yo junto al lago, viendo el atardecer. Después del calor, las escaleras y las vueltas para encontrar dónde dormir, acabar así el día fue una buena manera de compensarlo.