A la mañana siguiente dejé Verona y puse rumbo a Bérgamo. Una vez instalado, fui con Luka a recorrer la Ciudad Alta.
Me gustó mucho pasear por sus calles estrechas, perderme buscando edificios de arquitectura singular y detenerme en los detalles que me llamaban la atención. Disfruté de esa manera de conocerla, dejando que el propio paseo me fuera llevando de un rincón a otro.
Recuerdo una bonita plaza con terrazas y mucha gente merendando. Había un ambiente muy italiano en aquella zona, de esos que también forman parte del recuerdo de una ciudad, más allá de sus edificios. Ver la vida que había en la plaza fue parte del encanto de aquella tarde.
Después nos acercamos a un mirador para ver el atardecer. Pudimos disfrutar del comienzo, aunque las nubes acabaron tapándolo. No llegó a ser el final que esperaba, pero me quedaba con el bonito paseo por la Ciudad Alta y sus calles.
Esa noche me quedé en Bérgamo. Al día siguiente continuaría hacia Milán.