Salí de Valras sobre las diez de la mañana y llegué a Briviesca hacia las seis de la tarde. El cuentakilómetros marcaba 72.083 kilómetros.

Tenía algunas ganas de volver, pero también mucha pena por terminar. Después de tantos días compartiendo caminos con Luka, aparcando en lugares nuevos y haciendo de la autocaravana nuestra casa, el viaje llegaba a su fin.

Volví con los recuerdos de las montañas, los pueblos, los lagos y el mar. También con los días sencillos, los cambios de planes y los ratos en los que no hacía falta hacer nada especial.

Ahora tocaba estar en casa y dejar que todo aquello encontrara su sitio en la memoria.

Para que otro viaje comience, primero debe terminar el anterior.