Aquel día nos quedamos junto al lago de Neuchâtel. No moví la autocaravana ni salí hacia otro destino. Después de tantos días enlazando caminos y visitas, el plan era disfrutar del lugar en el que estábamos.
Pasé el día entre baños con Luka y ratos de descanso en el césped, a la sombra. Esta vez el lago no era una parada antes de continuar el viaje: era donde queríamos pasar el día.
