30 DE ABRIL — 2 DE MAYO · ITALIA
Roma: los primeros
pasos del viaje.
Después de pasar la primera noche en Civitavecchia, puse rumbo a Roma. El viaje por Italia acababa de empezar y aquella sería mi primera gran parada.
Me instalé en el camping Flaminio Village, donde podía dejar la autocaravana y acercarme a la ciudad en tren. Para mí fue una buena elección: un lugar tranquilo para descansar y donde Luka pudiera estar a gusto mientras yo salía a visitar Roma.
Aquella primera tarde cogí el tren y empecé a caminar para situarme un poco. No intenté verlo todo de golpe. Roma tenía mucho por delante y yo acababa de llegar.
Fue una primera toma de contacto, de esas en las que vas ubicando los lugares y empezando a hacerte una idea de la ciudad. Al día siguiente me esperaba una jornada más completa, con una visita que ya tenía preparada: el Coliseo.
El Coliseo y Roma al anochecer
Al día siguiente seguí recorriendo Roma, pasando por la escalinata de Trinità dei Monti y la Fontana di Trevi. Poco a poco iba poniendo imágenes propias a esos lugares que tantas veces había visto en fotografías.
Tenía preparada una visita guiada al Coliseo, que incluía también el Foro y el Palatino. Y, a ver, ¿quién no tiene ganas de conocer el Coliseo por dentro? Para mí fue especial estar allí e imaginar las luchas que se habían vivido en aquel mismo lugar hacía tantísimo tiempo.
Aunque no todo era quedarse mirando y dejar volar la imaginación. Había muchísima gente: colas para entrar, colas para hacer fotos… A ratos resultaba incómodo y costaba disfrutarlo con calma. Me gustó conocerlo, pero habría agradecido un poco más de espacio para detenerme y contemplarlo.
Después seguí paseando por Roma hasta que empezó a anochecer. Con los monumentos iluminados, la ciudad tenía otro aspecto. Me gustó quedarme a disfrutar también de esa Roma, sin dar por terminado el día en cuanto se fue el sol.
El Vaticano y un último paseo por Roma
Al día siguiente me acerqué al Vaticano. Después de esperar en la cola, pude entrar en la basílica de San Pedro. Fue bonito conocerla y apreciar la inmensidad de aquel lugar, aunque me ocurrió algo parecido a lo del Coliseo: había demasiada gente.
Estar en un lugar de culto tan grande, pero tan lleno de visitantes, le restaba bastante encanto para mí. Me habría gustado poder contemplarlo con más tranquilidad. La Capilla Sixtina se quedó pendiente; aquella vez no llegué a visitarla.
Por suerte, no encontré el mismo gentío en todos los lugares. Seguí caminando por los puentes de Roma, Piazza Navona, los alrededores del Panteón y la zona del Capitolio. También hubo ratos para disfrutar de la ciudad con algo más de calma.
Terminé regresando al camping para pasar un rato con Luka. Al día siguiente tocaba seguir hacia Pompeya: Roma había sido la primera gran parada, pero el viaje por Italia apenas acababa de empezar.