Pisa: una parada con más calma
Después de visitar el David y dar un último paseo por Florencia, puse rumbo a Pisa. Al llegar, salí a caminar un rato con Luka para empezar a conocer la ciudad, sin querer verlo todo aquella misma tarde.
Al día siguiente me acerqué a la torre y paseé por sus alrededores. La vi por fuera, hice unas cuantas fotos y me tomé la visita con calma. Después de los días de Florencia, me vino bien bajar un poco el ritmo. También necesitaba hacer compras, cocinar y pasar un rato tranquilo en la autocaravana. Al final, en un viaje tan largo, esos momentos también hacen falta.
Mientras preparaba el siguiente día, tocaba cambiar un poco de planes: dejar las plazas y los monumentos para ir a ver coches. Mi siguiente parada sería el Museo Ferrari, en Maranello.
Maranello: un cambio de escenario
Salí de Pisa rumbo a Maranello para visitar el Museo Ferrari. Pero antes de ver coches, me tocó buscar dónde dejar el mío. Entre aparcamientos ocupados y restricciones para autocaravanas, no fue tan sencillo. Al final encontré un hueco en línea y pude hacer la visita.
Pasé unas dos horas recorriendo el museo. Aquella mañana cambié las calles y los monumentos por los coches de Ferrari. Porque, a ver, estando tan cerca, ¿quién no se acerca a elegir uno? Aunque en mi caso fuese solo para mirarlo, que mi casa con ruedas me esperaba fuera.
Mi siguiente destino era el Delta del Po, donde me quedaría en Residenza Le Saline, cerca de Porto Garibaldi. Tocaba volver a cambiar de ambiente y acercarme a la naturaleza.
Delta del Po: un atardecer con Luka
Después de Maranello llegué a Residenza Le Saline, cerca de Porto Garibaldi. Allí me quedé para conocer un poco el Delta del Po, con un plan bastante distinto al de los días anteriores.
Al día siguiente me acerqué a visitar Porto Garibaldi y Comacchio. Pero el recuerdo más bonito de aquella parada llegó por la tarde, cuando Luka y yo nos fuimos caminando hacia las salinas.
Había flamencos y pude verlos sin necesidad de prismáticos. Entre observarlos y ver cómo iba cayendo el sol, me quedé allí disfrutando del momento con Luka. La verdad, no necesitaba mucho más que estar allí, con ella y aquel paisaje delante.
Nos quedamos hasta que la luz terminó de apagarse. Fue uno de esos ratos en los que no tienes ganas de irte. Cuando recuerdo aquel atardecer, no pienso solo en lo bonito que era el lugar, sino en la suerte de haberlo podido disfrutar.