Vaya Vida Bonita

13 DE JUNIO · ALEMANIA

Friburgo, volver a pasear con sol.

Dejé atrás Zúrich y puse rumbo a Friburgo. Después de tantos días pendientes de la lluvia y de las montañas escondidas entre las nubes, encontrarme con sol fue un cambio que agradecí. Hacía calor y aquella tarde tocaba descubrir una ciudad nueva.

Friburgo, entre sus calles y las torres de la catedral.
Friburgo, entre sus calles y las torres de la catedral.

Una vez instalado, tomé el tranvía para acercarme al centro. Durante el paseo fui fijándome en sus edificios y en las pequeñas canaletas que recorrían las calles. Había gente sentada refrescándose los pies en el agua: una escena sencilla que se quedó entre mis recuerdos de Friburgo.

Un paseo entre el agua y las fachadas de Friburgo.
Un paseo entre el agua y las fachadas de Friburgo.

Me acerqué también a la catedral, aunque un evento musical en sus alrededores me impidió verla bien. Esta vez no pude dedicarle la visita que habría querido, pero el paseo continuó entre las calles y la vida de la ciudad.

Más tarde, de vuelta en la autocaravana, todavía aproveché para salir en patinete hasta el parque del Flückigersee. Allí terminé viendo el atardecer mirando hacia las montañas. Después del recorrido por el centro, aquel rato al aire libre fue una forma bonita de cerrar la tarde.

El sol despidiéndose tras las montañas, en Friburgo.
El sol despidiéndose tras las montañas, en Friburgo.

Para terminar el día, salí a pasear con Luka. Al día siguiente empezaríamos a recorrer la Selva Negra, cambiando las calles de Friburgo por caminos junto al río, cascadas y pueblos.

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