Vaya Vida Bonita
El viajeLa salida

28 Y 29 DE ABRIL · EL COMIENZO

La primera noche
del viaje olía a mar.

Briviesca, Barcelona y un ferry hacia Italia. La autocaravana se quedaba en la bodega; Luka y yo subíamos a ver cómo empezaba todo.

BRIVIESCABARCELONACIVITAVECCHIA

Salí de casa el 28 de abril, sobre la una y media del mediodía. El cuentakilómetros marcaba 64.400. Por delante tenía unas siete horas hasta el puerto de Barcelona, contando las paradas, y un viaje al que llevaba tiempo dándole vueltas.

Lo primero era llegar al puerto

Encontrar el acceso fue sencillo. Llevaba la reserva hecha con antelación, así que fui a la oficina de Grimaldi Lines para hacer los trámites. Después, el personal me indicó dónde colocar la autocaravana y tocó esperar en una de las filas.

Luka esperando en el puerto con el ferry detrás
Luka, durante la espera para embarcar en Barcelona.

El embarque también fue más sencillo de lo que puede parecer desde fuera. Coches, camiones y autocaravanas avanzando despacio, pero sin detenerse demasiado. Siempre había alguien indicando por dónde seguir y dónde estacionar.

La mochila, Luka y el camarote

Una vez aparcado, tenía que salir de la autocaravana. Apagué el gas, cogí la mochila y a Luka y fui a buscar el camarote. Entre pasillos, salas y puertas, me costó un poco orientarme, aunque no tardé demasiado en encontrarlo.

Dejé las cosas y subimos a cubierta antes de zarpar. El ferry llevaba retraso y salió pasadas las 01:45. Vimos cómo nos alejábamos de Barcelona y poco después bajamos a descansar.

La autocaravana ya estaba dentro. Luka estaba conmigo. Ahora sí, habíamos salido.

Un día para dejarse llevar

A la mañana siguiente fui a desayunar; tenía incluido un desayuno con cruasán. Después recogí a Luka y volvimos a cubierta. El resto del día pasó entre ratos al aire libre y ratos en el camarote.

Llevaba comida y bebida preparadas en la mochila, así que apenas gasté en los comercios del barco, más allá de varios cafés. Una ducha, una buena siesta y esperar a llegar a Civitavecchia. No necesitaba hacer mucho más.

Luka pudo acompañarme fuera del camarote. Llevaba su bozal por si me lo pedían, aunque durante aquella travesía no ocurrió. Esa fue mi experiencia; no significa que los requisitos sean siempre los mismos.

David y Luka a contraluz en la cubierta del ferry
Luka y yo en cubierta, antes de llegar a Civitavecchia.

Volver a ponerse al volante

Antes de desembarcar avisaron por megafonía de que había que dejar los camarotes. Desde ese aviso hasta que pude bajar a la autocaravana pasó alrededor de una hora. Esperamos un rato en cubierta y después junto a los pasillos de acceso a las bodegas.

La salida fue tan sencilla como la entrada: seguir las indicaciones del personal y avanzar hasta estar fuera. Ya estábamos en Italia.

La primera travesía había terminado. El viaje por carretera apenas empezaba.

LO QUE ME VINO BIEN

Preparar la mochila antes de embarcar

Dejé preparada la comida, la bebida y lo que necesitaría en el camarote. Al estacionar en la bodega tocaba abandonar el vehículo, así que tenerlo a mano hizo ese momento más sencillo.

Mi experiencia con Luka corresponde a esa travesía concreta. Antes de reservar, consulta las condiciones actuales para mascotas, camarotes y vehículos en la web oficial de la compañía ↗.

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Y de Italia…
a un país que no estaba previsto.

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