Vaya Vida Bonita

UNA ETAPA DEL VIAJE

Dolomitas.
Por fin, la montaña.

Llevaba días disfrutando de Italia, pero tenía muchas ganas de llegar aquí. Caminos, lagos y tiempo para compartirlos con Luka. Un recorrido que también dejó sitio para cruzar a Austria.

EL VIAJE, SOBRE EL MAPA

Los lugares de esta etapa

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Passo Giau: por fin, en Dolomitas

Después de tantos días recorriendo Italia, tenía muchas ganas de llegar a la montaña. Aparqué en un apartadero de tierra junto a la carretera de Passo Giau, donde ya había otras autocaravanas. No tenía servicios ni estaba señalado como un parking, pero aquella noche pude quedarme allí sin pagar.

Lo mejor era lo que tenía alrededor. Luka y yo salimos a caminar un rato y nos acercamos a una pequeña colina para ver el atardecer. Para aquella primera tarde no necesitaba mucho más: un paseo, aquellas vistas y tiempo para disfrutarlas juntos.

Autocaravanas junto a las curvas de Passo Giau
Aquella noche, mi casa se quedó aquí.

Después volvimos a cenar y me acosté temprano. Quería levantarme para ver amanecer. Esta vez Luka se quedó durmiendo al calor de la autocaravana mientras yo salía con un termo de café.

Subí unos trescientos metros hasta una colina cercana y me quedé viendo cómo se iluminaban las montañas. Había pasado la noche justo allí abajo, en mi propia autocaravana, y ahora estaba tomando un café frente a aquel paisaje. Ese era uno de los motivos por los que me apetecía tanto hacer este viaje de esa manera: poder disfrutar de un lugar también cuando termina la tarde y antes de que empiece el movimiento de la mañana.

Primeras luces sobre las montañas desde Passo Giau
Las primeras luces en Passo Giau, con un café en la mano.

Había descansado bien, aunque durante la noche se escuchase pasar algún coche. Ahora tocaba recoger y seguir hacia el lago de Sorapis. Esa ruta sí la llevaba prevista, y quería llegar temprano para intentar caminar sin demasiada aglomeración.

Lago de Sorapis: una bonita ruta para compartir con Luka

Aquella mañana quería llegar temprano para caminar sin tanta gente, pero a las 09:30 el aparcamiento ya estaba completo. Así que seguí un poco más por la carretera y dejé la autocaravana aproximadamente a un kilómetro del inicio. Bueno, tocaba caminar un poquito más.

La ruta me gustó mucho, aunque hubo pasos en los que tocaba ir con cuidado. Algunos tramos eran estrechos, con bastante caída hacia el vacío y cables para agarrarse. Si tienes mucho vértigo, quizá no sea la mejor elección.

Con Luka, lo más complicado fueron las escaleras de rejilla. Tuve que cogerla en brazos y, con sus casi treinta kilos, no era cualquier cosa. Por suerte, está acostumbrada a que lo haga. Otros chicos no pudieron continuar porque su perrito tenía miedo y no conseguían calmarlo para cogerlo.

Y después, el lago. Había visto alguna foto en redes sociales, pero aun así me gustó mucho estar allí. Había gente, sí, aunque se podía disfrutar sin agobios. Incluso conseguí hacer unas cuantas fotos sin que saliera nadie, así que por esa parte también me fui contento.

Agua turquesa del lago de Sorapis bajo las montañas
El agua turquesa del lago de Sorapis, rodeada por las paredes rocosas de Dolomitas.

Después de las fotos nos sentamos a comer tranquilitos los dos. Llevaba agua y comida para Luka y para mí, y aprovechamos aquel rato antes de volver a caminar.

Quitando los tramos de escaleras, disfruté mucho la ruta. Regresamos a la autocaravana y, después de recoger un poco, pusimos rumbo a Misurina. Por aquel día, ya nos habíamos ganado un paseo más tranquilo.

Misurina y una ruta que decidí dejar pasar

Después de Sorapis, conduje hasta Misurina y encontré un aparcamiento para autocaravanas cerca del lago. En la aplicación aparecía como de pago, pero aquella tarde no tuve que pagar. Por los carteles y lo que me comentaron otras personas, entendí que solo cobraban en temporada alta. Una noche gratis y tranquila, que siempre se agradece.

Luka y yo dimos un paseo bordeando el lago. No caminamos mucho más: después de la ruta de la mañana, apetecía descansar.

Para el día siguiente tenía prevista la ruta de Tre Cime di Lavaredo. Desde donde estaba aparcado había visto una barrera en la carretera de acceso, así que me puse a investigar cómo funcionaba. Y ahí llegó la sorpresa: para subir con la autocaravana tenía que reservar una hora de entrada y pagar 60 euros por doce horas.

La verdad, me pareció excesivo. Tenía ganas de hacer la ruta, pero entre el precio, la reserva y la cantidad de gente que imaginaba encontrar, empecé a plantearme si realmente me apetecía tanto. También había una opción de autobús, pero durante mi estancia no estaba funcionando.

Así que decidí no subir. ¿Buena o mala decisión? No lo sé, pero no me he arrepentido de haberla tomado. Estaba disfrutando del viaje y tampoco necesitaba hacer todo lo que llevaba apuntado.

Aquella noche busqué otras paradas de camino al lago di Braies. Había varios lagos que podía visitar sin desviarme apenas. El primero sería el lago di Landro, donde la mañana acabaría siendo bastante menos tranquila de lo que esperaba.

Lago di Landro: un chapuzón que no estaba previsto

Aquella mañana salí sin prisas hacia el lago di Landro. Pude estacionar junto a la carretera y cogí el dron y a Luka para acercarnos al lago. Todo iba bien hasta que, intentando hacer una toma diferente, volándolo bajito sobre el agua, el dron acabó dentro.

Menudo disgusto. Por suerte, había visto más o menos dónde había caído, así que me descalcé, me remangué los pantalones y me puse a buscarlo. Estuve alrededor de una hora dando vueltas por el agua hasta que, por fin, lo encontré. Recuperarlo fue una alegría, aunque daba casi por hecho que no volvería a funcionar.

Volvimos a la autocaravana y continuamos el camino. Tenía claro que aquello no me iba a amargar el día. Estaba en Dolomitas, viajando con Luka y con mi casa a cuestas. Era una faena, sí, pero no podía dejar que cambiase todo lo que estaba disfrutando.

Seguir disfrutando del camino

Pocos kilómetros después paré en un mirador desde el que se veían las Tre Cime. No había hecho la ruta, pero al menos me llevaba unas fotografías de aquellas montañas.

Maqueta de las Tre Cime y las cumbres al fondo del valle
Las Tre Cime di Lavaredo al fondo del valle, desde el mirador junto a la carretera.

La siguiente parada fue el lago di Dobbiaco. Allí pagué 3 euros por aparcar, aunque no recuerdo cuánto tiempo incluía. Luka y yo dimos un paseo tranquilo por la orilla y, después, aproveché para preparar la comida en la autocaravana.

El dron seguía sin darme muchas esperanzas, pero el día todavía tenía lugares bonitos por delante. El siguiente era el lago di Braies.

Lago di Braies y un cambio de rumbo

Antes de llegar a Braies paré a comprar arroz y metí el dron en un táper, con la esperanza de recuperarlo. No sabía si serviría, pero entonces me pareció que merecía la pena intentarlo.

El aparcamiento del lago me costó 20 euros. Caro para mi gusto, pero ya estaba allí, así que cogí a Luka y nos fuimos a pasear. Braies me gustó, aunque no lo pondría entre mis favoritos del viaje. Había bastante gente, pero pudimos caminar tranquilos, hacer fotos y disfrutar del lugar. Luka incluso se dio un chapuzón.

Barcas de madera en la orilla del lago di Braies
Las barcas de madera junto a la orilla del lago di Braies, rodeado de bosques y montañas.

Después, mirando el mapa, volví a pensar en lo cerca que estaba Austria. «¿Y por qué no cruzar unos días?». Lienz quedaba aproximadamente a una hora y me apetecía descubrir algo nuevo. Así que arranqué y nos fuimos para allá.

Una decisión improvisada que acabaría llevándome a vivir uno de los días más bonitos del viaje.

El viaje continúa: un desvío por Austria ↗

Dónde dormí: ubicaciones, precios y experiencias ↗

Los precios y las condiciones descritos corresponden a mi estancia, no a tarifas o permisos actuales. El episodio del arroz cuenta lo que hice entonces, no una recomendación para reparar un dron.

Val di Funes: un rato sin ganas de seguir caminando

Después de la escapada a Austria, tocaba volver a caminar por Dolomitas. Llegué temprano al aparcamiento de Malga Zannes y, después de descansar un rato, cogí la mochila y nos pusimos en marcha Luka y yo.

Hicimos una ruta de 9,75 kilómetros y 400 metros de desnivel, entre bosques y unas vistas que invitaban a detenerse. Las montañas del Odle fueron las protagonistas, aunque Luka también tuvo su momento delante de la cámara.

David y Luka bajo las montañas del Odle
Bajo las paredes del Odle, durante nuestra ruta por Val di Funes.

Junto al refugio de Odle aprovechamos para comer y parar un buen rato. Había unas tumbonas y me acomodé allí, con las montañas delante. Entre comer y contemplar aquello, pasó aproximadamente una hora. La verdad, no tenía ninguna prisa por levantarme.

Un descanso en las tumbonas junto a Luka, frente al refugio y las montañas del Odle
Un descanso junto al refugio de Odle, con las montañas delante y Luka haciendo compañía.

En total estuvimos 4 horas y 45 minutos, contando las paradas. Y ese rato de descanso también formó parte de disfrutar la ruta: no todo iba a ser caminar y acumular kilómetros.

Luka sobre una roca frente al Odle
Luka, con las cumbres del Odle al fondo.

Después regresamos a la autocaravana. Para dormir volví al mismo apartadero junto a la carretera de la noche anterior. Ya conocía el lugar y había descansado bien, así que no necesité buscar otro.

Bolzano y una tarde junto al lago

Al día siguiente fui a visitar Bolzano con Luka, pero el calor hizo que acortásemos el paseo. Aquella vez apetecía más buscar un lugar donde estar fresquitos que seguir caminando por la ciudad.

La catedral de Bolzano tras un jardín de flores
La catedral de Bolzano, entre las flores del centro de la ciudad.

Terminamos pasando la tarde en el lago Wolfsgrubner See, entre sombra y baños. Después de varios días de carretera y montaña, también venía bien un rato así, sin mucho más que hacer.

Más tarde continué hasta Castelrotto. Aparqué en un parking privado y salimos a dar un paseo por el pueblo. Aquella noche me quedé allí, cerca del acceso a Seiser Alm, para poder subir temprano a la mañana siguiente. Tocaba otra ruta por Dolomitas, aunque ese día también me esperaba una alegría que no tenía nada que ver con las vistas.

Casas de Castelrotto con las montañas al fondo
Las casas de Castelrotto, con las montañas de Dolomitas como telón de fondo.

Alpe di Siusi y una alegría inesperada

A la mañana siguiente subí hasta el parking de Compatsch para recorrer Alpe di Siusi. Hice una ruta circular de 11,75 kilómetros y 415 metros de desnivel, con unas vistas muy bonitas. No la pondría entre mis favoritas del viaje, pero la disfruté bastante. No todos los días tienen que superar al anterior para merecer la pena.

Aunque lo que más ilusión me hizo aquel día estaba dentro de la mochila. Después de varios días, había sacado el dron del tupper de arroz donde lo metí tras el percance en Landro. Tocaba comprobar si aquella hora buscándolo en el lago había servido para algo.

Y… ¡sorpresa! Arrancó. Pero no solo eso: volaba y grababa como si no hubiera pasado nada. Tenía alguna esperanza, sí, pero ya me había hecho a la idea de comprar otro al regresar a casa. Menuda alegría.

Praderas y cabañas de Alpe di Siusi fotografiadas con el dron
Las praderas y cabañas de Alpe di Siusi, con las montañas de Dolomitas al fondo.

Aproveché para hacer varias tomas con las vistas de Alpe di Siusi de fondo. Entre almorzar y volar el dron, estuve cerca de una hora parado. Esta vez, con un motivo más para disfrutar del paisaje.

Terminé la ruta sobre la una y regresé a la autocaravana. Por la tarde me esperaba otra parada: el lago di Carezza.

Lago di Carezza: una despedida pasada por agua

El parking estaba a escasos metros del lago, pero antes de acercarme aproveché para comer tranquilo y descansar un rato en la autocaravana. Pagué 9 € por unas tres horas de aparcamiento, aunque para la visita no habría necesitado tanto tiempo.

Después salimos Luka y yo a verlo. La verdad, precioso. Llevábamos cerca de media hora y ya había tomado unas cuantas fotos cuando el cielo se puso negro.

El lago di Carezza y el bosque reflejado bajo las nubes
El lago di Carezza, con el bosque reflejado en el agua y las montañas bajo un cielo que ya amenazaba lluvia.

De golpe empezó a caer una cantidad de agua tremenda y nos tocó correr a la autocaravana. Fue cosa de unos veinte minutos, pero no sé cuánta agua pudo caer en aquel rato. Como ya habíamos visitado el lago y no parecía que el tiempo fuese a mejorar, decidí continuar.

Aquella tarde llegué hasta Trento y me quedé en un área de autocaravanas. No salí a visitar la ciudad: estaba cansado y tenía ganas de cocinar algo y pasar el resto del día tranquilo. Después de aquellos días por Dolomitas, tocaba seguir el viaje.

Esta página reúne la etapa. Los recorridos y las condiciones son los de mi experiencia, no indicaciones actuales de acceso o seguridad.

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