Vaya Vida Bonita

17 DE JUNIO · SELVA NEGRA

De las cascadas a un atardecer en Friburgo.

Aquella mañana salí temprano con Luka a recorrer las cascadas de Allerheiligen. La caminata nos llevó unas dos horas, entre el agua, el bosque y numerosas escaleras. Algunos tramos eran estrechos y tocaba pasar con cuidado.

Agua entre las rocas y el bosque de Allerheiligen
Un tramo del recorrido por las cascadas de Allerheiligen.
Dos cascadas entre la vegetación de Allerheiligen
Las cascadas de Allerheiligen, entre árboles y escaleras.

Después continué por la carretera de montaña hasta Mummelsee. Allí dimos un paseo junto al lago antes de seguir el camino.

El lago Mummelsee con una escultura sobre una roca
Nuestra parada junto al Mummelsee.

Tenía la posibilidad de continuar hacia Estrasburgo, pero finalmente decidí no hacerlo y volver a Friburgo. Esta vez no regresaba para seguir visitando la ciudad, sino para ocuparme de las cosas cotidianas del viaje.

La tarde transcurrió entre cocinar y organizar la autocaravana, sin otra visita que encajar ni un nuevo lugar al que llegar. Viajar así también tenía esa parte: la autocaravana era mi casa, y algunos días tocaba quedarse en ella y ponerlo todo en orden.

Pero todavía salí a ver el atardecer. Regresé al mismo parque de la otra vez, junto al Flückigersee. En aquella primera visita había contemplado cómo caía el sol mirando hacia las montañas; esta vez lo vi desde la orilla del lago, con la luz reflejándose en el agua. Volvía a un lugar conocido, pero me llevaba una imagen distinta.

Atardecer reflejado en el agua del Flückigersee
El último atardecer de la Selva Negra, junto al lago de Friburgo.

Aquella noche volví a quedarme en el área de Friburgo. Entre las cascadas de la mañana y aquel último atardecer junto al lago, cerraba el recorrido por la Selva Negra.

Continuar hacia Berna y Neuchâtel ↗Volver al recorrido completo ↗